Otoño Escarlata
“Me gusta volver a leer cómo cuando era joven”
Recuerdo muy claramente el momento en que la lectura flaqueó un poco. Débilmente, solo un poquito. No fue el vendaval que pasó cuando entré a estudiar literatura (no lo recomiendo) pero sí durante un espacio de mi vida que se sentía cómo un extraño limbo.
No había quedado en la universidad. Tampoco estaba trabajando. Estaba estudiando preparando la PSU, tratando de acomodarme a esa extraña sensación de estar congelada en el tiempo. El resto, los demás, mi ex novio, mi mejor amiga, todos estaban avanzando con sus carreras. Para la multitud toda la vida se estaba sentando frente a sus ojos.
Y yo no tenía muchas cosas que contar.
“No en su rostro ni en su voz, sino en esa forma de estar. De pertenecer a un lugar que yo solo habitaba.”
No me juntaba mucho con mi mejor amiga, porque ella estudiaba una carrera difícil en un castillo gigantesco. Tampoco me gustaba poner un pie en ese sitio, porque en mi mente todos sabían que yo era una fracasada por no haber entrado en la universidad. No me gustaba el olor, el espacio y los universitarios que pululaban en ese sitio. No lograban inspirarme confianza. Entonces la mayor parte del tiempo, nosotras hablamos por teléfono de cualquier cosa.
“Me quedé allí, con la piel encendida, la marca despierta y la certeza de que lo se había activado entre nosotros no era un error.
Era una advertencia”
En medio de esas conversaciones con mi amiga, ella me contó sobre un libro que le había gustado mucho; “Se llama Crepusculo, sale Edward Cullen y es un sueño” dijo con la voz chillona de la emoción “¡Tienes que leerlo!” Después de eso, me contó todo el inicio del libro y yo la escuché riéndome, porque me parecía que sonaba cómo una ardilla con exceso de azúcar en la sangre.
“ —¿Siempre huyes? —susurré
—Hasta que alguien me mira cómo tú.”
Me costó un poco hacerle caso. En realidad, la extrañaba mucho, sobre todo la normalidad que nos daba la vida del liceo. Era demasiado chica para entender qué estaba pasando por un extraño duelo, ajena a todos mis amigos que vivían en otros tiempos y espacios, que parecían extraños, adultos y resueltos. Yo solo estaba preparando la prueba para ver si entraba a la universidad, con un terror tremendo por volver a fallar. ¿Qué haré si vuelvo a fallar? ¿Qué pasaría conmigo? ¿mis amigos querrían estar conmigo?
Todas esas preguntas de pronto no tuvieron sentido. Porque me puse a leer Crepúsculo.
“Su beso se volvió más profundo, más exigente, y por un instante todo apuntó hacia adelante, hacia algo inevitable, carnal, demasiado”
Yo sé que hay un rechazo hacia estos libros. Pasando por su estructura, personajes y trama. Sin embargo, a mí Crepúsculo me sacó del agujero y, por un instante, volví a ser yo misma. Una chica que leía rápido y gritaba con algunas partes del libro.
Me pasó lo mismo cuando leí Otoño Escarlata.
“¿Elegirme a mí también fue tarde?”
He recobrado de a poco el ritmo de lectura. Es un tema complejo porque estoy escribiendo, entonces manejar libros y escribir al mismo tiempo ha sido un extraño malabarismo, junto con la creación de contenido y estudiar para la universidad. Son muchas cosas, a veces me siento sola y no entiendo bien si estoy avanzando hacia algún lugar.
Pero cuando leí Otoño Escarlata se sintió diferente. Fue volver a las raíces de porque empecé a leer.
Leo porque me hace feliz.
“—Hay personas —continuó —que nacen en los márgenes. No pertenecen del todo a ningún lado. Por eso son deseadas… y por eso son peligrosas”
Otoño Escarlata nos cuenta la historia de Melisa, la cual es una extraña dentro de su propia ciudad. Vive sola, en su casa y su café, en las tierras de Valdivia donde parece que siempre hace frío y hay algo que se esconde entre medio de los árboles. En ese contexto conoce a Josh, un enigmático joven que pareciera conocer cada uno de sus movimientos, y que pudiera ver más allá de su propio silencio.
“El deseo quedó ahí, suspendido, palpitando entre los dos”
Me gustó mucho el libro, no me detuve prácticamente lo consumí en dos días. Agarrada de la vorágine de la pluma, del ambiente y sobre todo de la relación de ellos dos. Hace mucho que quería leer algo genuinamente romántico, con todos los ingredientes que me agradan; el amor a primera vista, la tensión, el misterio, el terror, la conquista. Definitivamente fue una de mis mejores lecturas de este año.
Pero lo más importante es que por un momento volví a tener 18 y solo me preocupó terminar de leer un libro, porque no quería parar. Y eso me hizo muy feliz.
Fui muy feliz volviendo a mi pasado lector y fanática. Fui muy feliz volviendo al inicio con tan buenos personajes. Muchas gracias a Liz Gabriel, por darme la oportunidad de leer su bebé literario, con muchas ganas de leer la siguiente parte. Eso también me gustó, el leer tan rápido y quedarme con ganas de saber el final de inmediato ¡escribela pronto o me muero!
“Fue mi nombre dicho con cuidado cómo si temiera que pudiera romperme.”
Solo despedirme recomendando esta preciosa novela, que me hizo soñar cómo cuando tenía dieciocho. Agradecer enormemente a Liz, a su equipo y a la tremenda editorial Pluma Negra que ha creado y que cada día me sorprende con títulos muy trabajados, sobre todo, con mucho cariño por el oficio.






Me la apunto