Nota 6
Hablemos de Bad Bunny y Walter Benjamín. “The only thing more powerful than hate is love.”
Pasaron un par de días y tuve que detenerme, más que nada porque no encontré el tiempo para hacer este ejercicio. También pensaba sobre el impacto de tener que subir algo todos los días. Al principio, sonó a algo que podía hacer (escribo todos los días desde hace rato); sin embargo, quise tomarme un respiro porque necesito bajar la presión. Voy a empezar a estudiar, entonces necesito ordenar un poco todo lo que tengo.
Aún así, quería escribir hoy porque vi el show del Super Bowl y necesitaba contarles lo que sentí al verlo. Una parte de mí siente que es parte de algo que no le pertenece, porque no soy amiga de los sonidos de Bad Bunny, el baile y los aspectos performativos que acompañan esa estética; pero sería demasiado cínica si no les dijera que pienso que es la performance más valiente que he visto en mucho tiempo.
Hablemos de Walter Benjamín y Bad Bunny.
“Incluso en la más perfecta de las reproducciones una cosa queda fuera de ella: el aquí y ahora de la obra de arte, su existencia única en el lugar donde se encuentra. La historia a la que una obra de arte ha estado sometida a lo largo de su permanencia es algo que atañe exclusivamente a ésta, su existencia única.”
—Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica.
Hay una obra de arte que es solamente una pieza de baño. Me refiero específicamente a “La fuente” de Marcel Duchamp. Por supuesto, dentro de un lugar común y corriente el artefacto no tiene peso de por sí, pero si lo expones en una galería, sí lo consideramos. El contexto tiene muchísimo peso para definir lo que es arte o no; es lo que nos revela ese artefacto. Dentro de este mismo marco, podemos considerar la performance como un valor agregado que le da sentido a una obra de por sí. Como Zurita quemándose sus propios ojos:
“En esa competencia, Zurita había decidido que los ojos no le eran necesarios y que para eso tenía a su pareja. ‘Todo era al final tan simple: tú querías literalmente que ella fuera tus ojos, que ella viera lo que tú ya no podrías ver’”.
El cuerpo como espacio de resistencia, lugares marcados por el dolor, denuncias que se demuestran solo con mostrar tu cuerpo existiendo y resistiendo: Pedro Lemebel con Las Yeguas del Apocalipsis: “Las ‘Yeguas’ pronto se transformaron en un mito. Eran el terror de los lanzamientos de libros y de las exposiciones de arte. Irrumpían y nadie sabía qué podían terminar haciendo. Incluso se pensaba que, más que un dúo, las ‘Yeguas’ eran una legión. Pero, en definitiva, las intervenciones del dúo no fueron más de veinte y existe escaso registro de ellas: sólo algunas fotografías de Paz Errázuriz y unos pocos videos” Memoria Chilena.
Mi favorita siempre será esta, que se las dejo en video: Zona de Dolor
Al igual que el baño o la intervención de Diamela, estas obras dialogan con el subtexto; no en vano están ancladas a los procesos históricos subyacentes. Hablamos de dictaduras, represiones, asesinatos y censura. Quizás ellos podrían quemar los libros, pero los artistas tenían su propia existencia para dejar el peso de su arte.
Ese mismo sentimiento se me disparó en las venas cuando presencié el show hecho por Bad Bunny. No tendría el mismo impacto si no fuese por el momento histórico que estamos viviendo. En un mundo donde ser o parecer latina es un pretexto válido para ser encarcelada. En un mundo donde todos sabemos de los crímenes de los multimillonarios y no pasa nada. En un mundo donde destruyeron un país para crear una ciudad sin alma ni pasado. Allí, en un lugar específico, la cuna del neoliberalismo, en ese lugar donde los jugadores decían no saber quién era la figura que haría el show de medio tiempo, Bad Bunny los trajo a todos, a los que habían sido desplazados del mapa de Estados Unidos a la fuerza: a las personas que hacen las uñas, a los que venden jugo en la calle, a los que bailan en la casa, a Lady Gaga cantando salsa, a Ricky Martín hablando de descolonización, a las palmeras de azúcar, a la felicidad de la fiesta, a los niños bailando (porque los latinos no tenemos niñera), a los que se quedan dormidos en las sillas. Estábamos todos y no faltaba nadie.
Había tantos mensajes pasando frente a mis ojos, que tuve que verlo más de una vez. Por eso también podríamos hablar de la referencia del apagón (”El Apagón” no solo habla de la falta de electricidad, sino de la gentrificación. Las torres de luz simbolizan la modernización que no llega a los locales, pero sí a los inversionistas extranjeros que se benefician de leyes de exención de impuestos, extraído de acá), de cómo convirtió el campo de fútbol norteamericano en una réplica de su ciudad, de la caña de azúcar (esclavitud, origen y explotación), de la gente en la casa, de la casa en sí misma como representación latina, de las personas que efectivamente se casaron en ese momento, de las implicancias de decirles a las mujeres que perreen solas.
Sin embargo, quisiera quedarme con el único mensaje que decidió poner en inglés, una pequeña muestra de su generosidad. Recordemos que el cantante había advertido en tono divertido: “tienes cuatro meses para aprender español”, y lo cumplió; la gran mayoría del show fue en español y los mensajes que él entregó también. Otros artistas latinos han tenido que sacrificar su esencia para tener un espacio en el mundo angloparlante. Bad Bunny no lo hizo así: construyó su disco en torno a sus raíces y no quedó solo como un mero adorno estético. Las primeras funciones de DTMF fueron en su tierra natal, haciendo que la economía se sostuviera debido a toda la gente que fue a verlo.
Ahora, con ese enorme espacio que le dieron, que pudo decir cualquier cosa, decidió traer a toda su gente con él, decidió llevarse a todas las banderas que cabían en sus manos, decidió vestirse con gente latina, decidió hablar totalmente en español. Y detrás de él, en pantalla completa, se leía:
Porque la única esperanza que nos queda, al parecer, es recordar que hay cosas que son más fuertes que el odio. Por eso escribí esto:
Para no olvidar,
y todo lo que escribo
habla sobre amor.




Yo no he podido ver más de dos minutos porque me repele su música (y los mensajes machistas y horribles que hay en ella, y que ahora parece que todo el mundo le perdona). Y no puedo perdonar a Trump por haberme obligado a ver esos dos minutos. Sí, entiendo su mensaje, el que lo hayan puesto en el Half Time, y que le hayan dado los Grammys que le han dado. Pero parece que a la gente se le olvida todo lo otro muy rápido (a pesar de sus mensajes bonitos... Que se los aplique a su música y a sus letras, que son al final con lo que se quedan sus fans), y yo no soy capaz de pasar por encima de eso.
Eso sí, que quede bien claro que aprecio lo que ha intentado toda la gente que ha montado esto (que viendo su nivel habitual, no me creo que haya sido él solito, no nos olvidemos de que no es Prince).