Corazones
La carta de amor más extraña del mundo
Yo escucho mucho a Soda Stereo (sí, creo que ya lo saben) sin embargo, separo demasiado la vida del artista respecto a la obra. No sé nada de Cerati, nada de nada. Ignoro toda su vida, altibajos y otras cosas, porque prefiero tenerlo en el lugar donde lo puse cuando era joven. Una ilusión, una performance, un lugar triste, un espacio para crear. Por eso me alejo de todo lo que pueda desdibujar esa imagen.
Sin embargo, el Jorge me cae pésimo.
Porque me recuerda a mí.
“No ves que estoy contento”
Tampoco puedo recordar con exactitud el momento en que empecé a escuchar a “Los Prisioneros”. Supongo que sonaba en la radio que se compró mi papá, donde sonaba mucha música todo el tiempo. Sin embargo, nunca hubo canciones marcadas cómo “Primavera Cero”. “La cultura de la basura” sonaba en modo de música ambiental, un sonido que da vueltas, pero que no impacta y que extrañas cuando no suena.
22 de febrero de 2003. A mi papá nunca le llamó la atención ninguna producción nacional televisiva. Puedo contar con los dedos de una mano las comedias, películas y series que eran producciones nacionales. Trataba con el mismo desdén el festival de Viña, una excusa que se colaba en febrero para ir a ver a ciertos artistas. Porque la música era transversal, así que no importaba darle dinero a las grandes corporaciones si veía a sus ídolos de cerca.
Ese día de festival fue diferente. Mi papá estaba eufórico, conectando cables, acomodando sillones y sintonizando el festival. No le dije nada, hace algunos días atrás había logrado conectar la televisión al parlante. Entonces la presentación empezó.
Yo no sabía nada. Conocía algunas canciones, nociones del golpe y letras sueltas. No tenía idea de lo histórico del momento. No sabía todo lo que habían firmado para estar en el escenario. No me enteré la razón porque Jorge cantaba (incluso partes que evidentemente deberían ser habladas. Resulta que él firmó un contrato para no hablar sobre política, entonces aprovechó de ese vacío legal para cantar todo lo que no pudo) Les dejo el link para que vean esa presentación, una joyita.
Solo fui yo y Los Prisioneros por primera vez en primer plano. No eran ruido de fondo. No eran música incidental. Eran ellos mostrándose ante todos después de muchos años de separación.
“No te enojes por lo que te digo
Pero creo que no tienes idea de nada todavía”
En ese momento no supe lo importante que fue. Tuvieron que pasar años para darme cuenta el peso histórico que tuvo esa presentación. Lo que sí hizo fue que comenzará a escuchar con mayor atención las letras de las canciones de Los Prisioneros. Si Soda Stereo era un viaje hacia las catacumbas, escuchar a Jorge se parecía mucho a entrar en pensamientos más urbanos, más sencillos y cercanos. Se parecía mucho a la sensación de cuando rompes el corazón de alguien… aunque no quieras.
Pasaron los años y tomé muchas malas decisiones. Entre esos años volví a escuchar a Los Prisioneros, no por iniciativa propia sino porque un compañero de la universidad me recomendó una canción. “Por favor”. Y yo volví a entrar en una espiral destructiva y caótica, acompañada con la voz de Jorge que parecía conocer mis pensamientos más oscuros.
“Que valores este amor
Que lo guardes en un libro
Y lo atesores cerca de tu corazón”
Me da envidia el Jorge. Hay algo en su andar, en su cantar, en sus letras, en su desplante que me hacen gestar ese sentimiento de manera violenta. Sobre todo cuando supe que “Corazones” (Ese disco que se liberó el mismo año que yo nací) es el resultado de toda su desastrosa relación con Claudio Narea. Es una historia sumamente enredada, que involucra dolor, arte y tríos amorosos. Es un disco que Jorge trabajó prácticamente solo en medio de la disolución de la dictadura y la llegada de la democracia.
Y yo nunca pude ser así.
Nunca pude ponerle palabras a los sentimientos que me agobiaron en la juventud. Nunca pude decir lo que realmente sentía. Nunca pude gritar mi frustración cómo es debido. Solo me comportaba de maneras horribles, herí a muchas personas y terminé vagando por oscuros rincones de mi mente. Me eché una carrera, desperdicié un año y nunca tuve el valor de tomar el control de mi vida.
Pero el Jorge si podía
Y eso me daba mucha rabia.
Porque era todo lo que yo nunca pude ser.
Me da rabia el Jorge porque es el artista que siempre quise ser.
Me da rabia el Jorge porque pudo transformar todo su dolor sin importarle nada. Me da rabia el Jorge porque toma su guitarra y no le importa nada. Me da rabia que el Jorge siempre hable lo que se le dé la gana, que no tenga que pensar en algoritmos o tendencias, a él le bastó con su propia rabia para encausar su carrera.
Una vez escuché a la Arelis Uribe decir que hay que tener rabia cómo el Jorge. Que en tiempos nefastos era nuestra motor para seguir adelante, porque para nosotros los artistas todo era una pelea constante.
Pero yo tengo mucha rabia
Y aún así no me siento artista.
Corazones es la carta de amor más extraña del mundo porque el Jorge la gestó con todo el dolor del mundo. Y esto que escribo yo es la dedicatoria más nefasta del mundo, porque odio al Jorge tanto cómo lo admiro. Admiro que no tuvo vergüenza y le contó a todo el mundo sobre su dolor, lo odio porque es un personaje nefasto, lo admiro porque habla cómo quiere, lo admiro porque aún así es un genio que no necesita metáforas para brillar tan intenso e inalcanzable que creo que jamás existirá alguien cómo él.
Por eso escribo.
Para no olvidar.
Para que no se me olvide la rabia.
Para algún día ojalá
Decir sin vergüenza que soy artista.





El loco dijo "moriría en el fondo del éxtasis" "moriría mañana, moriría apegado, completamente drogado" cuando atravesaba su problema de drogas, fue fuerte para la gente de la epoca hablar de la droga de forma tan directa. Tal vez solo te falta MDMA xD. Date